PEQUEÑA HISTORIA DE UN TIBURÓN FELIZ

   (Para quien hace sin preguntas. Para quien consiente sin cuestionar. Para quien es feliz sin plantearse nada ocurra lo que ocurra. Para quienes no comprendemos esta actitud ante la vida)

Abrí las puertas para que todo entrase
pero solo una cosa lo hizo.
Justo en ese momento
mil palomas alzaron el vuelo y nació un tiburón;
era menudo y extraño
con cara de melón,
emitía sonidos raros
y me partía el corazón.
 
Nunca supieron su nombre
ni yo quise saber la razón,
acabó combatiendo en el Norte
como submarino observador.
 
Nadie supo jamás
sobre su extraña sumisión,
pero en ella creyeron ver
la fuerza de un gran valor.
 
Y el tiburón nunca dijo palabra,
ni dio guerra, ni creó placer,
tan solo se conformaba
con ser feliz haciendo su deber.
 

Cuando murió, alguien encontró escrito:
 
Vivo a mil millas de ti, en aguas frías y profundas en las que encuentro calor.
Fui menudo y extraño, sumiso y buen nadador.
Nada altera mi orden, ese es mi poder.
Siempre encontrarás mi destino en los actos de mi proceder.

MORIR DE ÉXITO

 Buscaste un cataclismo que te salvara de la eternidad de no ser nadie, de recuerdos que deseabas olvidar, de promesas sin cumplir. Querías conquistar el cielo sin haber conquistado la tierra pero habiendo recorrido un infierno que jamás te condujo al paraíso. Pero lo cierto es que no podrías haber sostenido la gloria, que tu cabeza habría estallado como la de Kurt Cobain, que el éxito se hubiera convertido en una bala precisa en tu sesera.
Sé que son ideas macabras expresadas de forma poética, pero no podrás negarme la verdad envenenada que hay en ellas.
 

ELLA DIJO NO

  Era de día y un gran coche se encontraba esperando a las puertas de un céntrico y elegante hotel. Allí también se aglutinaba una algarabía de gente que esperaba ansiosa lograr ver a la artista. Apresuradamente, al verla salir, decenas de periodistas se abalanzaron sobre ella, y mil preguntas comenzaron a sonar al mismo tiempo. Entre todas, de repente, una se hizo más audible -¿Qué me dice, le gustaría tener una estrella en el paseo de la fama?
  -No- respondió la artista rotunda y sincera.
 Muy intrigados los reporteros preguntaron -¡¿¿Por qué??!
 Entrando en el coche y girando con gran elegancia la cabeza hacia ellos, la mujer explicó -Porque no me gustaría que mi nombre fuese pisado un millón de veces al día- y se marchó.